Transformación de un bajo comercial en desuso en un espacio de masajes, belleza y bienestar donde cada detalle — la luz, el aroma, el silencio — forma parte de la experiencia
Crear un espacio de bienestar capaz de transmitir calma, intimidad y profesionalidad, adaptado a los tratamientos, rituales y forma de trabajo de Fran Barahona.
El proyecto debía resolver dos dimensiones al mismo tiempo. Por un lado, la parte funcional y técnica: distribución, instalaciones, salas de tratamiento, zonas húmedas, baños, duchas, bañera de hidromasaje y sala de chorros. Por otro, la parte emocional y sensorial: iluminación cálida, colores envolventes, hilo musical, aroma, materiales y una atmósfera que ayudara al cliente a entrar en un estado de bienestar desde el primer momento.
No se trataba solo de diseñar un centro bonito. Se trataba de crear un entorno que acompañara la experiencia terapéutica.
El punto de partida era complejo. El local era un bajo comercial en Murcia, situado en un edificio de cierta antigüedad, que llevaba varios años cerrado. Presentaba humedades, instalaciones obsoletas, desniveles de pavimento y una infraestructura insuficiente para el nuevo uso.
El reto no consistía únicamente en cambiar la imagen del espacio. Había que convertir un local deteriorado en un centro preparado para una actividad exigente, con necesidades técnicas muy concretas.
Las principales complicaciones aparecieron en la instalación de fontanería: incorporación de nuevos baños, salas con ducha, bañera de hidromasaje y sala de chorros. También fue necesario reparar e insonorizar bajantes y ejecutar una nueva conexión al alcantarillado con diámetro adecuado. A esto se sumó una acometida eléctrica insuficiente y compartida, lo que obligó a abordar el proyecto desde una lectura técnica completa. La sensación de calma hace que todo funcione mejor.
Nuestra metodología SOUL PRODUCTIVITY nos permitió comprender el espacio desde sus tres dimensiones: quién es el negocio, quién lo usa y qué quiere lograr. A partir de ahí, desarrollamos un proceso estructurado donde diseño sensorial, distribución funcional y resolución técnica trabajan como un sistema integrado.
Fran Barahona necesitaba un espacio que no solo permitiera realizar tratamientos, sino que reforzara su manera de entender el bienestar. Su propuesta se define hoy como un Ayurveda Urban Spa: la tradición del Ayurveda fusionada con un ambiente urbano para quienes buscan equilibrio y relajación en medio de la vida moderna. El espacio debía funcionar como una transición entre el exterior y la experiencia interior.
La identidad se construyó desde la idea de bienestar urbano. El local no debía parecer una clínica fría ni un centro de estética convencional. Necesitaba transmitir algo más profundo: calma, cuidado, recogimiento y confianza. La recepción se planteó como primer punto de contacto emocional, con iluminación suave, tonos cálidos, presencia de velas, flores y una gráfica sobria que construía una primera percepción tranquila y profesional.
En un espacio de bienestar, el cliente no evalúa solo lo que ve. Evalúa lo que siente. El proyecto trabajó diferentes capas de percepción: visual (colores cálidos, luz indirecta, ausencia de ruido visual), auditiva (hilo musical), olfativa (aroma como memoria sensorial), corporal (duchas, bañera, sala de chorros) y emocional (transición progresiva desde la recepción hacia las salas de tratamiento). La clave fue diseñar una experiencia, no solo una distribución.
El espacio necesitaba ordenar correctamente las zonas públicas, las salas de tratamiento, los recorridos internos, los baños y las áreas húmedas. El cliente debe entrar, ser recibido, orientarse con facilidad y pasar a la zona de tratamiento sin interrupciones ni cruces incómodos. El diseño debía proteger la sensación de privacidad, especialmente en un negocio donde el cliente busca desconectar y confiar.
La intervención tuvo un componente técnico importante: reparación e insonorización de bajantes, nueva conexión al alcantarillado con diámetro adecuado para los tratamientos con barros, y adecuación de la acometida eléctrica. Este punto demuestra algo que interesa especialmente a centros de estética, spas urbanos o negocios de bienestar: un espacio sensorial no puede construirse sobre una base técnica débil.
La iluminación se trabajó como una herramienta emocional. No solo sirve para ver, sino para bajar el ritmo, suavizar la percepción y preparar al cliente para la experiencia. Luces cálidas, puntos de acento y una atmósfera controlada evitaban la sensación comercial. La iluminación, el aroma y el hilo musical funcionaban como un sistema conjunto: no eran detalles decorativos, sino parte de la experiencia.
La transformación de un bajo comercial deteriorado en un espacio de bienestar preparado para recibir, cuidar y acompañar al cliente. El proyecto combinó resolución técnica, distribución funcional, experiencia sensorial, iluminación cálida, identidad de marca y ambiente emocional.
Más que un centro de masajes, se diseñó un recorrido de bienestar: un lugar donde el cliente pudiera pasar del ruido exterior a una experiencia de calma, cuidado y desconexión. El espacio respondía a la actividad de Fran Barahona y a su manera de entender el bienestar, conectando con su posicionamiento actual como Ayurveda Urban Spa.
"En un espacio de bienestar, el diseño no empieza en la camilla. Empieza en la primera sensación: la luz, el aroma, el sonido, la temperatura visual del espacio y la confianza que transmite cada detalle."
Bajo comercial en desuso
Ayurveda Urban Spa
Desde la resolución de humedades e instalaciones obsoletas hasta la creación de un espacio de bienestar de alta calidad
Luz, aroma, sonido y materiales diseñados como sistema integrado para generar una experiencia completa de bienestar
Un recorrido diseñado para que el bienestar comience antes del tratamiento: desde la recepción hasta la sala
Diseñamos espacios donde el cliente siente la diferencia desde el primer momento. Cuéntanos tu proyecto.